El Sr. Miyagi es un personaje de la película The Karate Kid, estrenada en 1984.
En ella, Daniel, un joven que se traslada con su madre a California, empieza a sufrir abusos y a tener conflictos con parte de una pandilla de estudiantes de Karate. Su vecino, el Sr. Miyagi, resulta ser un experto en dicho Arte Marcial, al que termina pidiendo ayuda.
El Sr. Miyagi le propone un curioso entrenamiento: primero, lavar una infinidad de automóviles que están en su finca, usando dos esponjas. Una para dar cera, y la otra para pulir cera.
Posteriormente, debe limpiar el suelo de la casa del Maestro....
Pintar la cerca…
Todos esos ‘ejercicios’ molestan a Daniel hasta el punto que discrepa con el Maestro abiertamente, quejándose por el entrenamiento. El Maestro le da la siguiente lección:
Cada proceso de la vida necesita un tiempo. Para pasar de un estadio a otro, para ir de un lugar a otro, para afrontar un cambio de trabajo, pareja, o situación personal, antes debemos pasar por un período de transición o aprendizaje.
Ante tal reto, ante nuestras necesidades, y ante la lentitud del proceso a vivir, aparecen las desmotivaciones, el desespero, y la falta de paciencia.
Decimos ‘lentitud’ teniendo en cuenta que cada proceso necesita de su tiempo y nada, ni nadie, va a acelerarlo o ralentizarlo sólo por satisfacer su propia necesidad. Es decir, lo valoramos como ‘lento’ -y lo percibimos así- debido a que nuestra necesidad de respuestas es alta, pero la realidad es que todo llega en el momento preciso y mediante el aprendizaje y la experiencia debidos.
Por mi experiencia como terapeuta, veo en muchas de las personas que vienen a mi consulta que para aplicar cualquier cambio -a menudo deseado-, antes debemos hacer un aprendizaje. Ese aprendizaje está ligado a una situación nueva de la vida que, justamente por su por su novedad, desconocemos.
Por ese desconocimiento, ignoramos como funciona y pretendemos aplicar sistemas de funcionamiento de nuestro anterior tiempo o etapa que, generalmente, no encajan.
De ahí la desesperación y la impaciencia. ¿Cuánta gente conoces que, en un cambio de etapa, se encuentran en un período de transición en que deben trabajar en algo inesperado o relacionarse con alguien totalmente diferente?
Músicos trabajando de jardineros, ejecutivos trabajando como vigilantes de seguridad, empleados de compañías aéreas gestionando alojamientos, arquitectos de camareros, camareros de babysitters…
El famoso ‘dar cera, pulir cera’ no es otro arquetipo que el de hacer algo que se te antoja surrealista, inútil e incluso estúpido, pero que con el tiempo te va a dar las herramientas para hacer aquello en lo que te estabas proyectando.
Los ritmos de la vida no son los propios ritmos, deseos o necesidades, van con su propio tempo.
Uno de los mejores consejos que me dieron una vez fue ‘¿Por qué siempre tienes que hacer algo? Limítate a estar y ser tu mismo, e incluso más: no hagas nada.’
Pues eso: ‘dar, cera, pulir cera’.