viernes, 11 de abril de 2014

Conversando sobre analogías

El alumno preguntó a un sabio: Si el dinero es como la sangre, un signo de nuestra vitalidad, ¿que significa vivir a crédito?
Que estás usando una vitalidad prestada. El crédito es como una transfusión, te inyectan “vida” que más tarde habrás de devolver multiplicada. ¡Cuidado con gastar una energía que no tienes! ¿Te imaginas que una central eléctrica suministrara energía que todavía no ha generado? Es un dinero que no es real, una energía que se espera conseguir, algo que pertenece al mundo de la especulación.
***
Invitaron a un chamán urbano a una escuela de padres y le preguntaron por los caprichos infantiles, ¿qué repercusión tiene en la vida adulta el darles a nuestros hijos todo lo que quieren? Y es que en el repertorio de conductas de los niños que traen de cabeza a los padres, existe una especialmente tediosa: las rabietas ante los caprichos, ese querer urgentemente algo innecesario en el momento inadecuado.
El chamán respondió con otra pregunta:
-¿Qué es verdaderamente una “pura necesidad”?
Fue apuntando en la pizarra las respuestas que los numerosos asistentes a la charla le fueron dando y luego las leyó:
-Aire, luz, temperatura óptima para la vida, agua y alimento para subsistir… poco más.  Los cachorros mamíferos chillan para sobrevivir, los cachorros humanos a veces chillan para conseguir lo que no es vital para ellos. Si enseñamos a los niños a confundir deseos con necesidades, de mayores vivirán sus deseos insatisfechos como falta de aire, alimento, agua… y emplearán cualquier medio al alcance para satisfacerlos con urgencia. Los bancos lo saben… es muy sencillo pagar con tarjetas de crédito y no hay que chillar.

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