
No es necesario ayudar haciendo grandes cosas. Ni siquiera debe tomarme mucho tiempo dedicar a alguien. La ayuda más apreciada es aquella que se da en las más pequeñas cosas de la vida. Puede ser una simple mirada cuando saludas con un sincero “buenos días”; puede ser ayudar a cargar algo o simplemente preguntar con verdadero interés “¿cómo estás hoy?”.
Las pequeñas cosas de la vida son las más grandes y las más permanentes. No podríamos saber si una mano en el hombro de esa persona triste -aún sin decir palabra alguna - puede reconfortar a alguien mucho más que si dijésemos un gran discurso.
Me enfoco en los pequeños grandes detalles de la vida para ayudar a los demás a sentirse más felices.
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