
Cuando llegó, algo se removió dentro de mí…
Supe desde el primer momento que traía algo para mí, aún sin saber que era, presentí la importancia de su entrada en mi vida.
El nunca sabrá lo que me ha aportado, no puedo decírselo, no lo entendería. Fue el ángel enviado, inconsciente de su preciada labor. Jamás imaginará que tras el mundo real, tras el velo, las cosas cobran vida de forma diferente.
Y tengo tanto que agradecerle, que al menos le debo unas palabras, que nunca leerá, pero que son mi tributo a la huella que ha dejado en mi alma y que me ha transformado.
Removió mis cimientos, mis entrañas, me volvió loca, la ansiedad casi me ahoga para siempre en una oscuridad húmeda y nada acogedora, por más que braceaba no conseguía alcanzar orilla alguna, no lograba respirar. Llegó, morí y se marchó…. así de simple, así de hermoso, simplemente así.
Tanto era mi miedo, tanta la desesperación que me produjo, que no me quedaba más salida que caminar sobre los cristales rotos hasta que mis pies sangraron salvajemente, y ahí, justo, se produjo el milagro. Desde el dolor más profundo y aterrada, decidí soltar el miedo, lanzarme al vacío
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Sin la pérdida de razón que me produjo el dolor, jamás hubiera conseguido hacerlo, pero lo hice y en el mismo instante en que terminé de pronunciar lo impronunciable una chispa de luz se depositó en mí, y creció y creció y se expandió por todo mi cuerpo, por mi alma, por todo mi ser hasta producir una explosión que descargó toda la energía condensada. De pronto el dolor y el miedo se transformaron en conocimiento, paz y una dulce sensación.
Y Él me dijo: ERES LIBRE, ME VOY…
Vino a entregarme sus alas, para que yo pudiera volar, para dejar atrás lo inútil, transformándome en otro yo, más yo que antes. Como quisiera que supiera que sus alas, aun sabiendo a hiel, me trajeron por fin la libertad!!
Pero los ángeles vienen a traerte mensajes y luego se van, quizás algún día cuando encuentre otro ángel, le pregunte si le conoce y si es así, que le diga que mi alma le agradece su regalo,que gracias a él a partir de hoy podré volar y que ni una sola de las lágrimas, ni una sola de las gotas de sangre de mis pies fueron en vano. Que sus alas y mi valor consiguieron el milagro.
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