domingo, 3 de junio de 2012

Amar nuestro niñ@ interior




Dentro de cada uno de nosotros vive un niñ@ que descansa en las profundidades de lo que un día fuimos. Un niño o niña que reposa mientras su corazón late cuando oye cómo vivimos. Está siempre con nosotros, atento a cada uno de nuestros pensamientos o acciones, y cuando algo activa su emoción, este se expresa desde lo más profundo para recordarnos que una parte de nosotros en realidad jamás murió. El niño interno se quedó escondido en aquel momento de nuestras vidas donde se supone que teníamos que volvernos adultos. Es una parte de nosotros que aflora de forma inesperada demandando constantemente nuestra atención y reconocimiento.
En la sociedad que hemos escogido crecer y vivir nos han enseñado a crecer de golpe, y al hacerlo, mucho de lo que debíamos solucionar en la infancia quedó pendiente. En ese momento clave, cuando se supone que debes iniciarte como adulto y entrar a tomar el poder de tu vida, la mayoría  de nosotros sufrimos los problemas que nuestros padres nos insuflaban como una herencia que condicionaba todo lo que nuestro corazón deseaba. El mundo de los adultos que nos presentaban como nuestro futuro inevitable era una realidad un lugar de responsabilidades, cargas y olvido en el que solo nos atraía una cosa: al fin se nos permitiría hacer lo que nosotros quisieramos, o eso creíamos al menos.
Crecer nos aterraba a casi todos nosotros, aunque ahora lo hayamos olvidado. Nuestros niños sensibles sufrieron desde la soledad y el silencio un sinfin de programaciones, emociones, agreciones e incomprensión que dejaron profundas heridas. Injusticias que recibimos y aceptamos creyendo que no podíamos hacer nada para evitar lo que parecía nuestro destino. Al armarnos de valor y dar el alto definitivo a la vida de adultos, dejamos al niño estancado en algún lugar dentro de nuestro corazón, en el país de Nunca Jamás,donde sigue viviendo desde la inocencia, el enfado,la frustación, el amor o el miedo.
Para llegar allí solo tenemos que volver a ser niños de nuevo y eso ocurre cuando somos felices, cuando nos escondemos del mundo o cuando algo nos agrede de nuevo.
Dentro de nosotros bucean emociones acumuladas de toda nuestra gestación e infancia que han ido creciendo y condicionando nuestras vidas a lo largó de los años. Bloqueos responsables de generar reacciones que creemos propias de nuestra autenticidad,cuando en realidad son simples mecanismos de protección ante las agreciones que nuestro niño sufrió y sigue sufriendo desde algún lugar del subconsciente.
Para poder sanar al niño interior debemos sustentarlo desde el adulto que somos. Reconocerlo y abrazarlo dándole todo aquello que sintió como carencia. Esto es en parte amarse a uno mismo. Hay que darle a ese niño la atención y el reconocimiento; abrazarlo y sustentarlo dándole la seguridad de que somos nosotros desde el adulto los que ahora cuidamos de él.
Cuidar al niño no es darle una palmadita y seguir viviendo. Cuidarlo es escucharlo y contar con él; es no abandonarlo paran satisfacer a los demás, no sacrificarlo porque se espera que seamos algo que él no desea ser, no dejarlo olvidado, porque nos avergüence de ser sensible y quiera llorar. Amalo es integrarlo a nuestras vidas hasta sanarlo por completo y dejar que entonces empape nuestro día a día desde su espontaneidad y creatividad, desde su inocencia y pureza.
Dentro de cada uno de nosotros vive un niño interior. Si está triste, si ésta enfadado o su tiene miedo.... abrázalo cerrando los ojos y dile que lo amas y que ahora tú le darás todo lo que le faltó. Descubrirás entonces que lo único que siempre quiso es atención.Amor y mucha atención. Solo así podrás crecer con dignidad. Solo así podrás amar a los demás.
El despertar de los maestros creadores. Victor Brossa

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