A mi me gusta pensar que es así. He leído que la esencia de todo es energía en continua movimiento. Por eso creo que la muerte no existe. Me reconforta imaginar que somos “chispitas” de esa energía eterna que conforma el Universo, que lo que llamamos muerte es en realidad un cambio de estado, como cuando el agua se convierte en vapor.
Cambiamos de estado al venir aquí, cuando nacemos, y volvemos a cambiar cuando nos vamos. En el sueño que tuve al final del primer año de duelo, Ignasi me dijo: “mamá, nuestra relación es eterna, que más da que uno esté arriba y el otro abajo, eso ya nos ha sucedido muchas veces, no debería importarte. En la tierra coincidimos el tiempo que coincidimos, unas veces te vas antes tú y otras yo, pero no por eso dejamos de estar unidos”. A mi me gusta pensar que eso es así, que las personas que queremos son nuestros compañeros de viaje hasta la eternidad, que nos vamos reencontrando en el camino, algunas veces aquí y otras allá. En los dos lados contamos con gente que nos quiere.
Mercè Castro Puig

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