Arrugas nos acerca a una realidad temible, la de las residencias de ancianos como lugar de aparcamiento. Lo hace con un realismo pasmoso que nos siembra el corazón de tristeza. Produce angustia, pues nos coloca ante un espejo y nos hace mirar hacia dentro. Vemos que los últimos años de una vida, los de la vejez, son años donde las personas cargan con tres cosas, sus recuerdos, la soledad y las enfermedades que les debilitan. Es una película intensa, cargada de emociones, que nos sube y baja en una montaña rusa. Nos prepara para nuestro propio futuro mientras, a la vez, nos pide que seamos un poquito más cariñosos mientras aún podamos, apelando a nuestra olvidada humanidad.
Javi Álvarez - laRepúblicaCultural.es
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