domingo, 7 de febrero de 2016

Dándome cuenta de que el sufrimiento impedida ver la belleza de mundo, decidí inventar el "psicomilagro" , un acto sorpresivo, pero esperado toda la vida, pudiendo tener un efecto iluminador.
En esencia, esto consiste en ayudar a una persona de forma anónima, sin obtener ningún beneficio. El más simple de ellos fue enviar diez docenas de rosas a una mujer que estaba segura de nunca encontrar un admirador, porque algunos años antes su marido la había abandonado. Al recibir estas flores por mensajero sin que se le indicar un remitente, le hizo creer que había alguien que la amaba sin atreverse a decírselo. Esto le devolvió su autoestima. Al poco tiempo nos presento a su nuevo compañero.

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