sábado, 27 de febrero de 2016


Para comprender cómo se produce el viaje chamánico, o cualquier experiencia de potente visualización debemos entender, aunque sea levemente, el funcionamiento de la mente humana. Nuestra mente es capaz de producir cuatro tipos de ondas cerebrales BETA : (22 a 14 ciclos por segundo). Corresponden al nivel de vigilia, al estado consciente. Bajo los efectos de estas ondas, el cerebro vive en el marco de Tiempo y Espacio habituales. Los sentidos físicos están despiertos y la mente actúa con lógica y razonamiento. ALFA : (14 a 7 cps). Las ondas alfas se inician en los estados de relajación o sueño ligero. El cuerpo se calma y la mente entra en un estado de bienestar. El diálogo interno mental se reduce y es posible realizar visualizaciones. En alfa, el sentido del tiempo se diluye. THETA : (7 a 4 cps). En este estado la mente entra en relajación profunda. La imaginaría mental se despliega con fuerza al tiempo que el cuerpo se vuelve insensible al dolor. Se pierde el sentido de la corporeidad, del espacio, ya que el cuerpo pierde conciencia de sí. El sentido del tiempo desaparece por completo. DELTA : (4 a 2 cps). Es el sueño profundo y el nivel en que la mente conecta con la supraconsciencia y el mundo espiritual. Tanto la toma de sustancias visionarias, como el método de viaje chamánico aquí descrito, provocan en la mente los mismos efectos. Reduciendo el número de ondas cerebrales, se entra en un estado de consciencia más elevado, que generalmente va acompañado de una rica imaginaría mental. Pero ¿Cuál es el origen de los símbolos o imágenes que se observan en estos estados?. Seguramente provienen de fuentes diversas, algunas de las cuales pueden ser : Contenidos subconscientes de nuestra mente. Es decir, elementos relacionados con nuestra infancia, educación, deseos insatisfechos, etc.. Imágenes del inconsciente colectivo. Los mitos, creencias, arquetipos o imágenes que conforman la vida espiritual de la humanidad.
Conexión con otros planos de existencia. Según los chamanes, a través de los viajes psíquicos, el alma humana es capaz de contactar con un mundo tan real como el nuestro, el mundo de los dioses o los espíritus. Estas realidades espirituales estarían situadas en planos paralelos al nuestro, aunque invisibles a la mente racional, planos que sólo pueden ser accesibles en estados de conciencia alterada.

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