lunes, 1 de febrero de 2016

La conciencia puede desaparecer en un plano, para aparecer en otro, finalizando un ciclo para iniciar uno nuevo. Así pues, la vejez no necesita, ni debiera ser un período de retrogradación o disminución de las facultades espirituales e intelectuales ya que en este período de la vida, la vitalidad del cuerpo físico es reducida sensiblemente para darle una libertad enorme a las expresiones de las facultades espirituales e intelectuales del ser humano que, por otra parte, pueden estar activas y continuar expandiéndose aún hasta el mismo momento de morir.
Ciertamente, siempre queda mucho que hacer y mucho más que aprender a través de la experiencia, tomando siempre en cuenta que ningún esfuerzo se desperdicia, y que si, aún en esta vida, no se pudieran utilizar las últimas experiencias, no hay duda de que constituirán una enorme plusvalía para el próximo renacimiento o encarnación. Por eso es importante dirigir la visión interna hacia delante, no hacia atrás, aún hasta el final, recordando que la Muerte no es una aliada ciega; sino una vía pública. Se cierra al anochecer pero se vuelve a abrir al Amanecer.

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