La conciencia puede desaparecer en un plano, para aparecer en otro, finalizando un ciclo para iniciar uno nuevo. Así pues, la vejez no necesita, ni debiera ser un período de retrogradación o disminución de las facultades espirituales e intelectuales ya que en este período de la vida, la vitalidad del cuerpo físico es reducida sensiblemente para darle una libertad enorme a las expresiones de las facultades espirituales e intelectuales del ser humano que, por otra parte, pueden estar activas y continuar expandiéndose aún hasta el mismo momento de morir.
Ciertamente, siempre queda mucho que hacer y mucho más que aprender a través de la experiencia, tomando siempre en cuenta que ningún esfuerzo se desperdicia, y que si, aún en esta vida, no se pudieran utilizar las últimas experiencias, no hay duda de que constituirán una enorme plusvalía para el próximo renacimiento o encarnación. Por eso es importante dirigir la visión interna hacia delante, no hacia atrás, aún hasta el final, recordando que la Muerte no es una aliada ciega; sino una vía pública. Se cierra al anochecer pero se vuelve a abrir al Amanecer.

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