Hay parejas que se unen desde el primer chakra (compañeros, amigos, hermanos) y cada uno refleja al otro. Esto se corresponde a la etapa infantil, hasta los siete años. No hay pasión en la sexualidad, y vives con una amiga más que con una amante. Se habla mucho y haces de padre, hermano o hijo, pero la chispa falla y te sientes insatisfecho, pero apegado a la persona.
En el segundo chakra (hasta los catorce), te apoyas en el otro para crecer internamente, y las relaciones son muy esporádicas. Sólo cuenta la sexualidad. El placer es el que manda, la química de las hormonas, y se vive el presente sin compromiso estable. Todo es visceral e irracional y se acentúan las obsesiones sexuales de la pubertad. Lo importante es echar un polvo cueste lo que cueste y sea con quien sea.
Las parejas del tercer centro, dirigen su búsqueda hacia la acumulación del poder personal y autoestima. Cada uno intenta controlar su propia vida y la de su pareja. El ego manda y los pensamientos limitativos, las convenciones sociales, las creencias juegan un papel esencial. A pesar de esto si los objetivos concuerdan, la relación se hace estable y se decide la creación de una familia juntos. Se busca la seguridad. Aquí nace la batalla entre lo femenino y lo masculino, y el linaje de sangre presiona con sus neuras, porque el corazón aún no está abierto. Es en este plano donde surgen fuertes emociones negativas y grandes luchas de poder por el control de la pareja, sentimientos de dependencia, y se agravan los problemas entre el chico y la mamá, y entre la chica y el padre. Hasta el punto de ser la causa de casi todas las depresiones, la adicción a las drogas, el cáncer y las enfermedades graves, o en otro orden de cosas los maltratos físicos o psicológicos a la mujer, al hombre o a los hijos. Ésta es la pareja que más abunda, hasta el punto de que se ofrece como el verdadero destino del ser humano, que no puede ir más allá de esta manera de vivir.
En el cuarto nivel dejamos de buscar lo semejante y vamos detrás de lo complementario, por eso aquí comienzan las parejas del alma. De 21 a 28 años (o actualmente de 18 a 24) aparece la conciencia del corazón, la voz interna de la intuición. Aquí hay confianza, feeling mutuo, se escucha al otro con amor y se intenta caminar juntos (aceptar mi verdad es aceptar la tuya). Se da, se recibe, y el amor resuelve muchas enfermedades (el corazón es el órgano que menos enferma de cáncer), el alma trae realidades muy superiores al ego, y se vive desde la irradiación del pecho.
Y por encima del corazón aparece un proyecto común creativo en el quinto; el servicio a los demás y a la sociedad en el sexto; y la iluminación y ascensión mutua en el séptimo.
En la última etapa cada unos se vuelve una esfera completa y encuentra a otro ser tan redondo como él para compartir su camino, en amor y alegría. Ambos somos uno, pero desde dos puntos de vista, el del día y el de la noche. Todo se hace ligero, sin pasar cuentas al otro. Más bien aligeras su carga, no hay reivindicaciones ni críticas, celos, desconfianza…
Uno no es maestrillo del otro ni hace filosofía en la cama, y pase lo que pase no intentas cambiar a tu pareja. No hay nada que demostrar, cada uno con sus luces y sus sombras. Seguimos siendo muy distintos en el vientre y bastante distintos en el pecho, pero hay que traspasar estas diferencias para alcanzar las bodas divinas (shiva y shakti) en lo alto de la cabeza. Dos que se vuelven uno, es decir ninguno. Hombre y mujer se reúnen no para convertirse en algo, sino para dejar florecer espontáneamente su feminidad y su masculinidad. La unión amorosa es un lujo que se otorgan dos seres libres y no hay necesidad imperiosa de la libido.
De Emilio Fiel

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