"Y de su espalda unas alas brillantes se extendieron, abrigando su corazón cansado. La luz fue tan intensa que ya no supo si estaba en el cielo o aquí. Una voz suave, dulce como el rocío, acarició su rostro, secó sus lagrimas y le dio la bienvenida a casa, porque ella ya estaba regresando de un largo viaje, el necesario para llegar a donde debía estar: su propia alma"
-Natalia Lewitan-
-Natalia Lewitan-

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